



En el corazón de Tunja, donde cada calle y cada edificio hacen parte de la memoria de la ciudad, mantener en buen estado los espacios que cuentan su historia también es una forma de cuidarla.
Con este propósito, la Fundación Universitaria Juan de Castellanos adelantó labores de mantenimiento, limpieza y embellecimiento de la fachada del edificio Crisanto Luque.
El paso del tiempo, la exposición a las condiciones ambientales y la presencia de grafitis habían afectado la apariencia de la fachada. Por ello, desde la Institución se gestionaron las labores necesarias para mejorar su aspecto, atendiendo las características y condiciones propias del sector histórico de la ciudad. Los trabajos permitieron realizar una limpieza profunda de la fachada y retirar los grafitis que alteraban su apariencia, devolviéndole mayor armonía y resaltando nuevamente los elementos que hacen parte de su identidad arquitectónica. Más que una cuestión estética, mantener estos espacios limpios y en buenas condiciones contribuye a que el Centro Histórico conserve la imagen que lo caracteriza y que reconocen quienes transitan por sus calles.
La iniciativa fue liderada por el reverendo padre Carlos Eduardo Castiblanco Sierra, rector de la Fundación Universitaria Juan de Castellanos, como parte del compromiso institucional con el cuidado y embellecimiento de los espacios que hacen parte de su entorno y de la historia de Tunja.
Caminar por el Centro Histórico es encontrarse con una ciudad que permanece viva. Sus calles, puertas, balcones y fachadas son parte de un relato que se ha construido durante generaciones y que continúa escribiéndose en el presente. Por eso, acciones tan sencillas y necesarias como limpiar, mantener y embellecer sus espacios adquieren un significado que va más allá de lo visible.
Con estas labores, la Juan de Castellanos reafirma su compromiso con el cuidado del entorno histórico de Tunja y hace un llamado a la comunidad universitaria, a los habitantes de la ciudad y a sus visitantes para contribuir, desde sus propias acciones, a mantener limpios, cuidados y en buen estado los lugares que hacen parte de la identidad colectiva.
Porque cuidar una fachada también es cuidar aquello que nos cuenta quiénes somos. Y cuando un edificio vuelve a lucir en todo su esplendor, no solo cambia su apariencia: también se hace visible, una vez más, la historia que guarda.
